Controla tu mente

Niño sentado en una playa mirando al mar y las gaviotas (Javier Sánchez Gil, psicoterapeuta en Málaga)

En el trascurso de un día, los seres humanos somos capaces de tener 60.000 pensamientos distintos, de los cuales un 95% ocurren de forma automática, sin que nosotros los traigamos a la cabeza. Espeluznante, ¿verdad? Si ahondamos más en datos y estadísticas, un 80% de esos pensamientos que vienen de forma automática son de contenido negativo; es decir, son pensamientos que, si pudiéramos elegir, no los invitaríamos a nuestra cabeza.

Ahora bien, existen dos tipos de pensamiento: los pensamientos EGOSINTÓNICOS y los pensamientos EGODISTÓNICOS.

Los EGOSINTÓNICOS son aquellos que tienen sintonía con el EGO, sintonía con el YO; es decir, aquellos pensamientos que sí me apetecen tener. Pensamientos de los cuales sí soy yo el artífice. Por ejemplo, estoy en el supermercado y tengo en mi cabeza la lista de la compra y voy por los pasillos pensando qué comprar, dónde comprarlo o cual es mi marca favorita o las más barata.

Por otro lado, tenemos pensamientos EGODISTÓNICOS; es decir, distintos al EGO, distintos al YO. Son ese tipo de pensamientos que no le apetece tener a nadie, de los que hablábamos al principio del artículo, pero que vienen sin ser llamados. Dentro de los pensamientos Egodistónicos y, con el fin de simplificar, podemos distinguir que los contenidos pueden ser de dos tipos: rumiaciones sobre el pasado o anticipaciones al futuro. Veámoslo con ejemplos:

Comencemos por las rumiaciones. Imagina recién te despiertas por la mañana, tranquilo en casa y, PUM... te viene el pensamiento de aquel día en el trabajo en que metiste la pata con un cliente. Si pudiéramos cortar ahí la secuencia, sería maravilloso. Me viene el pensamiento, lo acepto y paso a otra cosa. Pero, ¿qué suele ocurrir? Que nos recreamos en él.

Fichas de ajedrez. Un peón que refleja dos sobras en la pared simulando ser el rey y la reina. Javier Sánchez Gil psicoterapeuta en Málaga

Te enganchas a él y te viene a la mente la cara de tu jefe cuando te estaba diciendo que lo hiciste mal, las risas de tus compañeros, la humillación colectiva de tener que volver a empezar el trabajo desde cero… Las rumiaciones, o pensamientos relacionados con el pasado, suelen tener aparejadas emociones como la tristeza, por lo que, grosso modo, tendremos más tendencia a trastornos de tipo depresivos.

Por otro lado, hay personas que son más tendentes al futuro. Tendentes a engancharse en un pensamiento y ver todas las posibilidades sobre el futuro incierto. Un ejemplo sería tener pensamientos tipo: Mañana tengo un cumpleaños y va gente que no conozco. Nuevamente, si eso se queda ahí y sigo con mi vida, no va a pasar nada, el pensamiento viene sin ser llamado, pero tampoco podemos hacer otras cosa.

Pero, como ya sabemos, los seres humanos tendemos a darle vueltas al coco y comenzamos a pensar de manera rápida, casi automática: Voy a ir al cumpleaños, no voy a conocer a nadie, seguro que no lo voy a pasar bien. Y, claro, aunque vaya con mi amigo Pedro el sí que conoce y me va a dejar tirado. Me voy a quedar yo allí con cara de tonto, incómodo y sin saber qué hacer.

Este tipo de pensamientos relacionados con el futuro y las distintas posibilidades negativas que pueden ocurrir con respecto a este, tienen correlación con trastornos relacionados con la ansiedad.

Ahora bien: ¿cómo escapo de mi cabeza? ¿Cómo controlo mi mente y mis pensamientos? Pues tan fácil y tan difícil que dejando de intentar controlar. Me explico.

Para controlar nuestra cabeza, lo mejor es intentar dejar de controlar nuestra cabeza. Si yo pienso que no quiero pensar en algo concreto, ese algo concreto se vuelve más fuerte dentro de mi mente. Hagamos el experimento. Si yo te digo: no pienses en un oso blanco. ¿Qué se tie viene a la cabeza? Efectivamente, un OSACO BLANCO, ahí, tumbado en mitad del polo norte. Por tanto, si piensas: “no quiero pensar en el cumpleaños de mañana” tu cerebro va a entender “cumpleaños de mañana” o “no quiero pensar en la cagada en el trabajo” tu cerbero va a entender “cagada en el trabajo”. Por tanto, el primer paso para dejar de pensar en algo es no intentar dejar de pensar en ello.

Foto del interior de un buque de guerra antiguo con muchas manijas y controles. Javier Sánchez Gil psicoterapeuta de Málaga

Entonces, si no puedo controlar mis pensamientos: ¿qué debo controlar? Algo más básico. Debes controlar DÓNDE SE ENCUENTRA TU ATENCIÓN. Cuando estamos rumiando sobre el pasado o anticipando el futuro, mi atención está dentro de mi cabeza. Probablemente, mi cuerpo esté haciendo la cama, conduciendo, en una terraza con amigos, viendo una serie o paseando por el campo. Pero mi atención está en el futuro o en el pasado, desatendiendo, por supuesto, lo que está ocurriendo fuera de mí.

Por tanto, debes intentar conseguir:

  1. Dejar de controlar los pensamientos y aceptar que van a venir sin que tú los llames. No intentar echarlos a la fuerza.

  2. Entrenar tu atención para que no se enganche a esos pensamientos y les de vueltas, a la vez que comienza a disfrutar de todo aquello que está pasando fuera en el exterior.

¿Capisci?

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