SOMBRAS DE UN CUENTO
Desde tiempos inmemoriales, desde que el mundo es mundo, desde que los villanos siempre han estado destinados a perder en los cuentos en favor de los héroes para contar importantes lecciones a los niños, los villanos han sido vilipendiados. El nivel de frustración que exigía ser el malo de la historia, había propiciado a que hace no tanto tiempo, todos se juntaran alrededor de una mesa una vez al año para planificar los siguientes pasos en pos de ganar, por fin, alguna batalla a los héroes. Los niños podrían sobrevivir sin su lección.
Cada año, esa especie de convención del villano se celebrar en un reino diferente. En esta ocasión Maléfica y sus terrenos habían sido los elegidos como sede. A pesar de que había pasado ya bastante tiempo, todavía se recordaban los trajes que tuvieron que utilizar para acceder al fondo del mar en el reino de Úrsula. Scar debía admitir que se divirtió como gato en el agua.
Cuando Scar llegó a la puerta de la habitación donde todos los villanos se encontraban reunidos, el Lobo Feroz, la Bruja de Hansel y Gretel, el Capitán Garfio, Yaffar, Hades y, por supuesto, Úrsula y Maléfica, exclamó en voz alta:
Siento llegar tarde, compañeros, el trafico en Nunca Jamás está horrible - espetó ocupando su sitio en la mesa.
Maléfica decidió ignorar el comentario. Todos sabían como era Scar. Era mejor obviar que replicar. Por fin, podían dar comienzo al encuentro. Eso era lo único que importaba. Maléfica habló:
Bienvenidos, hermanos villanos, a la decimoquinta edición de los seres sin corazón. Llegó el día en que unimos fuerzas para elucubrar nuevos planes de victoria.
Los villanos aplaudieron con maldad. Incluso el Lobo Feroz hizo algún vitore que otro. Este encuentro era altamente celebrado desde sus inicios. Por fin, los villanos no estaban solos. Por fin, podían compartir sus penas y pensar nuevas formas de hacer el mal. Maléfica prosiguió:
Los villanos estamos hartos de ser siempre el hazme reír de los cuentos e historias populares. ¿Quién nos preguntó si nos importaba ser un ejemplo tan negativo para los niños humanos? ¿¡Quién!?
¡Nadie! - exclamó la bruja malvada - ¡Absolutamente nadie! Yo tenía familia hasta que llegaron los narradores. ¡Nietos!
Nietos que te comiste, querida - respondió Hades.
Minucias - se quejó la vieja - sarta de minucias…
Maléfica interrumpió la interrupción:
Necesitamos nuevas formas de abordar el mal. Las últimas ideas no surtieron efecto alguno. Aunque muy esperanzador fue el plan de Úrsula del año pasado.
No me podéis negar - dijo esta orgullosa - que mi plan de ahogarlos a todos tenía su… punto.
Todos asintieron, incluso Scar mostró sus fieros colmillos en señal de aprobación malvada.
Debemos encontrar una nueva forma. ¿Alguna idea? - pregunto Maléfica.
Los villanos se miraron unos a otros esperando que alguno se atreviera a romper el hielo. Entonces, Yaffar habló.
Yo tengo una idea. Magnífica, he de decir.
Silencio. A Yaffar siempre le gustó dominar el silencio, crear tensión en el ambiente. Generar expectación. Tras unos segundos, Garfio le increpó:
Vamos hombre, suéltalo.
Yaffar, henchido de orgullo, prosiguió:
La ley del intercambio, señoras y señores.
¿A que te refieres? - pregunto Maléfica - suena grandilocuente, pero poco aclarativo.
La ley del intercambio, amigos, es lo que el propio nombre indica. Intercambiarnos los cuentos.
Caras de asombros se instalaron en el semblante de todos los asistentes a la convención. Yaffar había conseguido lo que quería: epatar a su público. Entonces, prosiguió:
Sí, Sí… la ley del intercambio. Por ejemplo, El Lobo Feroz está harto de perseguir a Caperucita o a los 3 cerditos, ¿por qué no va Hades en su lugar? Seguro que le quemaría la casa a la abuela en un periquete y asaría en un santiamén a esos malditos cerdos.
Suena genial - convino el lobo - pero, ¿qué haría yo?
Fácil, tu sustituirás a Scar, te harás el lobo herido y te mezclaras con la camada de Simba. Este un pánfilo y seguro que te acogen con los brazos abiertos. Una vez dentro, mientras duermen, podrás terminar lo que Scar empezó con Mufasa.
¡Magistral! - exclamó Scar. - ¿y tú donde irás?
¿Yo? Atormentaré a esos enanos de Hansel y Gretel, le tengo ganas a esos dos mequetrefes, ¿quién se creen?
El ánimo de los villanos iba en aumento. Llegó la hora de sacar las botellas de ron y sellar el pacto con un buen brindis. La ley del intercambio era una realidad. El caos se instalaría en el mundo de los humanos. Los cuentos jamás volverían a ser lo que habían sido hasta ahora. Los niños serían los principales espectadores de aquellas atrocidades. Todo el mundo recordaría la decimoquinta convención de los seres sin corazón.
“Cierra los ojos. Abre tus sentidos. Presta atención. Aquí las palabras no solo cuentan historias: despiertan sombras, abren puertas y, en muchas ocasiones, así las dejan: de par en par. Bienvenidos al lugar donde los cuentos no son para dormir, sino para despertar lo que se esconde. Si decides escuchar, hazlo bajo tu responsabilidad. Recuerda que toda historia deja huella.
Bienvenidos a Sombras de un Cuento”
Noche. La luna, alta y brillante, iluminaba de forma tétrica los dominios del castillo de Maléfica. Scar atravesó la gran puerta de hierro que daba paso a los jardines. Un sendero marcado llevaba hasta la puerta del imponente castillo, de ladrillos negros y gárgolas espectrales que proyectaban sombras a tenor de la luna llena.
A ambos lados del sendero que recorría lentamente Scar, se encontraban varias esculturas hechas de setos recortadas con la forma de los héroes de los cuentos siendo asesinados mediante los métodos más crueles. Caperucita Roja siendo devorada por el Lobo, Hércules absorbido por las llamas del averno de Hades, Aladdín asesinado por un puñal de la mano de Yaffar.
Scar no pudo evitar sonreír mientras observaba tales atrocidades. Sabía que Maléfica tenía buen gusto, pero no recordaba cuanto. Cuando por fin llegó a la puerta del castillo, estas se abrieron de forma automática impulsadas por una magia ancestral que solo permitirá el paso a los seres sin corazón.
Cuando sus ojos se acostumbraron a la ausencia de luz, puesto que el castillo era oscuro a más no poder, vio que la única instancia iluminada de forma tenue se encontraba a la derecha. Le estaban esperando. Scar siempre llegaba tarde, pero no por falta de organización, si no por que así lo organizaba. Le gustaba ser el centro de atención durante unos segundos mientras encontraba su lugar en la mesa. La mesa de los villanos.