Campeones del Mundo
A nadie creo que sorprende que mi amor por la madre patria es absolutamente residual. Respeto todo tipo de opiniones. Bueno, casi todas. Pero, mi sentimiento y mi orgullo por ser español nunca se ha caracterizado por ser el más elevado. Tengo el convencimiento de que sentir fervor por haber nacido en un lugar aleatorio del globo terráqueo por puro azar no es motivo para emprender ninguna cruzada. No sé, qué sabré yo.
Aun así, todo tiene un pero en esta vida. Igual que te confieso una cosa, te confieso otra. Soy absolutamente nacionalista para dos situaciones en particular: la selección española de fútbol y, redoble de tambores, los villancicos.
¿ALGUNA VEZ TE HAS PARADO A ANALIZAR LAS LETRAS DE LOS VILLANCICOS ESPAÑOLES DE ESPAÑA? En ellos acaecen grandes frases como: Dime niño, de quién eres, todo vestido de blanco, Campana sobre campana y sobre campana una, asómate a la ventana y verás al niño en la cuna, Arre borriquito, arre burro arre, arre más deprisa que, OJO AL DATO, llegamos tarde, o mi favorita: Pero mira cómo beben (agarrándote de la cabeza y obligándote a mirar) los peces en el río. Pero mira como beben (reitera) por ver a Dios nacío (puro andaluz). Beben y beben y (por si no fuera poco) vuelven a beber (¿quién?) los (putos) peces en el río (¿Por qué? ¿tendrá que ver con que viven en el agua? ¡Por supuesto que no!) por ver a Dios nacer. Buah… ¡Venga ya! ¡Puro cine!
Después de este pequeño (y maravilloso, debes admitir) inciso. Vamos al turrón. La selección española, después 16 años desde aquel 11 de julio de 2010 donde ganamos nuestro primer mundial, vuelve a revalidar este título con una generación maravillosa un 19 de julio de 2026. Un día para recordar en la memoria de todos, pero también un día para reflexionar.
En la semifinal contra Francia, decidí compartir un reel en las redes sobre cómo el mundial nos une. El objetivo del vídeo era reflejar como un país deja sus diferencias de lado para apoyar, independientemente de la ideología, a un mismo color: la selección española. Aunque solo sea un mes cada cuatro años, los españoles nos unimos para saber el resultado de Angola contra Uzbekistán. Dicho video, por razones que desconozco, se viralizó una mijita: 35k visualizaciones, más de 300 me gusta y 56 comentarios, que son gloria bendita. ¿Por qué? Por que estamos rodeados de gente con DNNR, es decir, personas con Déficit Neuronal No Reconocido.
Lo peor de todo: que no me sorprende. Me enorgullece decir que cuando se puso de moda el claim: “saldremos mejores” con la pandemia, me reí fuerte, tan fuerte que si prestas atención todavía puedes escuchar los ecos de esa risa.
¿De qué versan los comentarios? De llevarme la contraria. Y no lo digo desde el enfado, lo digo desde el hastío social, del rechazo que cada vez más me genera la gente. Como psicólogo, amo a las personas en su individualidad, me encanta ayudar y acompañar en los procesos terapéuticos. Amo a mis pacientes. Pero odio a la gente, me cansan, me hastían y molestan a partes iguales.
Como comprenderás, esto es un problema. Por que no soy el único que se siente así. Estoy harto de escuchar en consulta a personas quejarse de la gente, por lo que me es inevitable pensar: ¿cómo es posible que si las personas también odian a la gente, exista la gente? Paradójico, pero real.
Y es que las redes sociales están llenas de gente. Gente que solo quieren desahogar sus frustraciones personales tras el anonimato que da un nick. El punto es llevar la contraria. Si en el video llego a hablar de lo injusto que es atender al mundial y desatender a Gaza, me hubieran criticado. Si en el video llego a comentar sobre lo bien cortado que estaba el césped, algún iluminado me hubiera corregido alegando que no está de acuerdo por que su tío abuelo le dijo por ouija que el césped está para entrar a vivir. Estoy seguro de que si en lugar de ensalzar lo que la selección une, defiendo la tesis contraria me hubieran puesto de zurdo izquierdoso para arriba. Pues mira, lo soy, a mucha honra, pero también pienso que la selección une: ¿qué hacemos ahora?
Esto abre otro debate relacionado con la necesidad social que la gente tiene por clasificar a los demás y a sí mismos dentro de alguna categoría determinada y concreta. Pero esa funada (porque me van a guillotinar cuando diga lo que pienso) me la reservo para otro día. Más pronto que tarde. No te preocupes.
Me despido. No sin antes clamar bien fuerte: Vivan las dos estrellas. Viva la selección española. Y viva mi puto ídolo: Marc Cucurella Saseta, coño.