ESPACIOTIEMPO
Voy a escribir según me salen las palabras. Emocionalmente, no es mi mejor momento. Me sale sentenciar: estoy cansado, jefe. Y sí, es cierto. Estoy agotado. Ya lo dijo aquel: el que quiero que me quiera no me quiere como quiero que me quiera. Una buena frase para comenzar. Quizás borre todo. Quizás jamás nadie vea lo que aquí estoy escribiendo a las dos menos cuarto de la mañana de un viernes cualquiera, de un mes indeterminado, de un año tal como en el que nos encontramos.
Si desgranamos qué necesitan dos personas para comenzar algo, tengo cada vez más convencimiento, tanto por mi experiencia clínica como por mi experiencia personal, que se necesitan tres factores. Dos importantes y uno imprescindible. ¿Cuáles? El Espacio, el Tiempo y uno que me reservo para más adelantes, para tenerte aquí enganchado (sí, como hizo él, como hizo ella. Contigo. Dándote refuerzo intermitente. Es un chiste. Ácido. No me juzguen).
Vamos con esos dos primeros. Para que dos personas decidan unir sus historias deben coincidir en un espacio y en un tiempo determinado. No va tanto de edad o de un lugar concreto, sino de que un día dos caminos se crucen en un instante que puede hacer para el tiempo, o detener el de alguno de ellos de manera implacable. Sea como fuere, deben estar en un mismo lugar y en un mismo momento para que esas dos almas, todavía incorruptas, comiencen la maldición del amor. Ese espacio, ese tiempo, pudiera ser conocerse en una app cualquiera o encontrarse en la fiesta de cumpleaños del primo Paco, en la cola del autobús o esperando que te entreguen las cenizas de tu abuelo.
Una vez el espaciotiempo se ha confabulado con las musas, viene la parte más importante. Aquel tercer factor todavía no nombrado. El imprescindible. Ese tercer elemento que va más allá de la conexión que tengas con esa persona. Recuerda que Cristiano Ronaldo y Kaká eran grandes jugadores, pero no se comieron un colín cuando jugaron juntos en el Real Madrid. Lo mismo te ha pasado a ti, me ha pasado a mí, con aquella persona con la que tuvimos la suerte (o no tanta) de coincidir en un espacio y un tiempo determinado generándose una conexión sideral.
Venga, ahí va, no lo engordo más. El tercer factor y el más importante es el momento vital de las almas por separado. Sí, suena cursi, bucólico, incluso pastoril, pero es la puta realidad. Por mucho que hagamos check en espacio, tiempo y conexión, si las dos personas no se encuentran en un mismo momento vital, la relación está abocada al fracaso. Un buen día, sin que te lo esperes, el final de la historia llega. Un puff que se pierde en el infinito. Un adiós.
Te preguntarás entonces, ¿por qué si no era su momento vital se emparejó a la semana con otra persona? Fácil respuesta. Sí era su momento vital. El de ellos dos, no el tuyo con él o el tuyo con ella. La vida. Se siente. Como dice mi psicólogo, es el precio a pagar por jugar al juego del amor. Por eso, te pregunto antes de irme:
¿quieres seguir apostando?