REWIND
Las cosas que te conectan con alguien son a veces bastante aleatorias. Por ejemplo, mi amigo Carlos y yo conectamos con infinidad de ellas, fue amor a primera vista desde chiquititos, pero algo que hacemos igual sin haber consensuado es que cuando nos da por una canción, nos da. Nos da, y la quemamos. Pero no quemarla de escucharla dos o tres veces seguidas. No. Quemarla de poder volver a ella una y otra vez durante días enteros.
Aún recuerdo nuestro primer viaje con todos los amigos allá por 2022 y como puso una canción de Melendi en el TOP 3 de más escuchadas en todo Reino Unido. Flipante. A mí, como ya he dicho, me pasa algo parecido. Hoy venía en el coche, disfrutando de mi nueva obsesión del momento a todo volumen por los altavoces y un pensamiento, de esos que no controlas tú, se ha posado en mi cerebro: no ve que guapo el botón de rewind, ¿no?
En realidad, no hay mejor definición que en perfecto andaluz decir: es que está to guapo en verdad, cuando acaba la canción y el regusto que te queda es de necesitar escucharla otra vez, poder permitirte la libertad y el derecho de presionar con tu dedo el botón de volver a escucharla con toda la impunidad del mundo las veces que te apetezca. Sí, está to guapo.
Y claro, si yo les digo a mis pacientes que el agradecimiento es un factor protector de la salud mental. Y, si también les digo que dentro del rango “me ha tocado la lotería” hasta “qué bueno estaba el tazón de cereales que me he comido esta mañana” cabe casi cualquier cosa. Creo que debo predicar con el ejemplo y agradecer yo también aquello por lo que me siento afortunado.
Así que, qué guapo está el botón de Rewind. ¿La ponemos una vez más?