Época de Siembra

Hoy me gustaría compartir contigo una historia personal. ¿Con qué fin? Contarte un aprendizaje vital. Por si te sirve. No es mi intención sentar cátedra ni decirte lo que tienes que hacer. Sólo contarte un ejemplo de algo que me salió bien, por si quieres ver como se podría trasladar a tu vida. Si te genera curiosidad, sigue leyendo. Acompáñame.

Lo recuerdo como si fuera ayer. Eran las 12:00 de la mañana. Acababa de salir de una sesión que me había dejado destruido. Cuando eso pasa, tengo por costumbre no volver a la mesa de trabajo. No. Suelo irme a la calle, dar un paseo, visitar a mi amigo JuanXXIII y que me prepare una buena taza de café... cualquier cosa menos mantenerme en la clínica. A veces, necesitas aire fresco para poder continuar. Pero, ese preciso día, tenía que esperar a mi compañera a que terminara de su sesión para poder bajar juntos, por lo que decidí sentarme en los sofás de la sala de equipo y descansar.

Micrófono para grabar en radio, como cuando el psicólogo de Málaga Javier Sánchez Gil estuvo en Onda Cero

Como todo hijo de vecino, cuando no tienes nada que hacer y toca esperar, haces el típico peregrinaje por las redes sociales. Entras a Instagram, pasas a X, terminas por TikTok y, si tienes suerte de que no te atrapa esta última, tienes el infortunio de que te atrapa el bucle y vuelves a empezar por la primera. Un clásico.

Pensando ya en abandonar Instagram para pasar a la siguiente, me encuentro con una storie de una locutora de Onda Cero que llevo siguiendo desde hace muchos años. Su nombre, Gemma Ruíz, figura importante de mi adolescencia, ya que solía escucharla cuando trabajaba en La parroquia del Monaguillo, programa donde conocí por primera vez a mi amado Arturo González-Campos. Total, en esa storie se podían leer unas letras que rezaban: ¿Algún psicólogo en la sala? A lo que, instintivamente respondí, con toda mi cara: Sí, cuéntame. ¿Qué tenía que perder?

No esperaba que me contestara, pero aquel mismo día por la tarde lo hizo. Me dijo que, para un programa nuevo que iba a empezar a capitanear a partir de septiembre, estaban buscando un psicólogo para una sección semanal. Le dije que estaba interesado. Me respondió que le parecía bien, que si le pasaba info de lo que hacía, quién era y tal. Entonces, ocurrió: le envié perfiles de redes sociales, artículos en la web, la propia web y 5 años de podcast subidos a todas las plataformas habidas y por haber. Contenido como para parar un tren. Contenido que llevaba años publicando por amor al arte. El resto es historia.

Es día, me di cuenta de que, sin saberlo, había estado sembrando desde 2018 para este momento. Alguien me había pedido información sobre mí, para depositar su confianza, y podía demostrarla. Evidentemente, el hecho de lanzar un podcast cada semana desde que empecé el proyecto de No Te Sientes en el Diván no iba con ninguna intención de que algún día podría tener la oportunidad de contar con 10 minutos semanales en Onda Cero durante dos años y medio, pero, estaba claro, el Javi del pasado me estaba ayudando al haber llevado a cabo la idea de hablar delante de un micro años atrás.

tomates amarillos y verdes brotando de una mata

De esta historia, deriva un aprendizaje claro: lo que siembres hoy no sabes cuándo dará sus frutos o si definitivamente los dará, pero te puedo asegurar que si no siembras, jamás vas a recoger ni un triste tomate cherri.

Por tanto, si llevas pensando en llevar a cabo algún proyecto, pero te frena no saber con qué intención futura lo vas a hacer, deja de pensar y ponte a trabajar. Saca ese proyecto adelante de una vez, no pienses ni en la remuneración económica, ni en qué posición social vas a alcanzar con él. Si ese proyecto para ti es pasión, hazlo. Sin contemplaciones.

Deja de esperar el momento perfecto.

No existe.

Siempre es época de siembra.

Siguiente
Siguiente

Espacio-tiempo